Título: Conversaciones sobre música
Autor: Wilhelm Furtwängler
Traductor: Joan Fontcuberta Gel
I.S.B.N.: 978-84-15277-29-3
Editorial: Acantilado
Hijo de un arqueólogo y de una pintora, Wilhelm Furtwängler crecería en Múnich, ciudad en cuya universidad impartía clases su padre. Una formación musical temprana desveló el talento del joven, un talento prematuro para la composición que decidió encauzarse hacia el arte de la dirección orquestal. Tras un pronto debut con la novena sinfonía de Anton Bruckner al frente de la Filarmónica de la capital bávara, llegarían importantes puestos en Mannheim, Leipzig, Frankfurt, Viena y Berlín. Serían estas dos últimas ciudades las que consagrarían a Furtwängler como uno de los más grandes maestros de su tiempo. Pese a ser considerado una autoridad en el repertorio romántico – Beethoven, Brahms, Wagner-, su apoyo a la nueva música fue especialmente significativo, como así lo muestra el estreno, entre otros muchos, realizado el 2 de diciembre de 1928 al frente de la Orquesta Filarmónica de Berlín de las Variaciones op.31 para orquesta de Arnold Schoenberg, quien por aquel entonces residía en la ciudad alemana, donde impartía clases de composición en la Academia Prusiana de Bellas Artes sustituyendo a su antecesor en el cargo, Ferruccio Busoni. El libro de conversaciones que publica la editorial El Acantilado en una traducción de Joan Fontcuberta contiene siete capítulos en cada uno de los cuales Furtwängler dialoga con el compositor y crítico musical alemán Walter Abendroth (1896-1973). Pese al papel preponderante que Furtwängler dedica a quien fuera uno de sus compositores fetiches, Beethoven, el director alemán repasa asimismo a lo largo de estas conversaciones cuestiones tan diversas como la influencia y recepción de la obra musical en el público, las dificultades de la interpretación musical -especialmente trascendente por cuanto Furtwängler hace referencia a la rigurosidad y la fidelidad a la obra-, la creatividad en la interpretación -donde repasa el sentido de las múltiples lecturas de las obras maestras-, el papel y lugar del compositor en el seno de la sociedad y, por último, un ensayo de 1947 -es decir, diez años posterior al momento en que se producen las seis conversaciones que lo preceden- en el que se pronuncia sobre la llamada “nueva música”, aquí definida como “música atonal”. La referencia obligada a Schoenberg o a Josef Matthias Hauer y al resultado artístico de sus sistemas compositivos aparece aquí contrapuesta a la característica fenomenológica que el principio de alternancia entre tensión y relajación de la música tonal confiere a las obras musicales en su “lógica geográfica”. La música atonal representaba para el berlinés “un hermoso bosque” por cuyos senderos el oyente “experimenta la sensación de estar perdido”. La pérdida, a su juicio, que representaba el precio de la libertad. Una línea muy cercana a la que habría de desarrollar el rumano Sergiu Celibidache en la constitución de su pensamiento musical, la tantas veces mentada “fenomenología de la música”, que bebía en lo fundamental precisamente del ejemplo maestro de Furtwängler.
Texto: Vicent Minguet



