Título: Miles. La autobiografía
Autor: Miles Davis, Quincy Troupe.
Traductor: Jordi Gubern
I.S.B.N.: 978-84-8428-455-0
Editorial: Alba

Miles DavisBien puede afirmarse que la lectura de la autobiografía que Miles Davis (1926-1991) escribió a finales de la década de los ochenta, con la colaboración del periodista Quincy Troupe, es una esas experiencias que no dejan a uno indiferente, en cualquier sentido. Podríamos incluso decir sin temor a equivocarnos que la dictó, del mismo modo que dictaba lecciones de libertad y genio musical en todas y cada una de sus interpretaciones a lo largo de una vida escalofriante marcada por adicciones de todo tipo, pero sobretodo por una adicción, la musical, que lo llevaría del bebop al jazz eléctrico. La editorial barcelonesa Alba recupera para el lector este documento, testigo fiel de una era -la de la historia reciente del jazz-, cuya versión castellana de 1991 ya se encontraba descatalogada. En las más de quinientas páginas de este libro -distribuidas en veinte jugosos capítulos, más una discografía completa- asistimos a una vida contada sin reservas. No se extrañe pues el lector ante la crudeza y literalidad con que se reproduce el lenguaje y algunas expresiones soeces en la boca del propio Davis. Recogida aquí con todo tipo de detalles la historia de Miles Davis nos conduce desde su Illinois natal -marcado por la crisis de los años 30- donde aprendió a tocar sin vibrato, hasta su zenit profesional cargado de bajos eléctricos e instrumentos amplificados y distorsionados gracias a la electrónica, algo que lo aproximó cada vez más a un ruidismo exacerbado, idolatrado por unos tanto como rechazado por sus primeros aduladores. Por el camino quedan decenas de sesiones de grabación memorables -«Plugged Nickel», «Miles Smile», «In a silent way», «Bitches Brew», entre las muchas que aquí se desgranan- y el inacabable desfile de un exquisito elenco de nombres que bien podrían enmarcarse junto al suyo -Coltrane, Parker, Evans, Monk, Holliday, Rollins o Gordon, entre muchos otros- en los paseos por las páginas de unas memorias que recuerdan un sinnúmero de visiones de las noches de leyenda, y éstas, confesémoslo, no fueron pocas. La magia de Davis quizás residía en la mezcla de un talento desmesurado con una personalidad absolutamente desprejuiciada y superviviente, hasta el punto de considerar sus propias cicatrices como condecoraciones en el campo de batalla de una vida tan intensa como seductora.

Texto: Vicent Minguet

|
Espai web patrocinat per: Dinahosting